jueves, 18 de agosto de 2011

Eva

Aquello debía ser cosa del diablo, pero a ti te parecía normal. Andabas por ahí siempre descalza. Comías las moras directamente de los zarzales hasta que te sangraban los labios. Tus ojos anulaban la naturaleza de mis mundos reales con violetas saturados y amarillos fluorescentes. Todas las noches me descubrías cuevas vírgenes donde jamás entró nadie y que olían a agua fresca. Allí hacíamos magia con las voces. También jugábamos a colgarnos de las rodillas en las ramas mas finas. Tus ramas nunca se rompían. Lo desafiabas todo, hasta tu olor era imposible, delicioso como el del romero.


Cuando te espiaba a escondidas descubrí que hablabas con la luna. Y veía de espaldas tu pelo castaño anudado en un laberinto infinito de enredos con hojas secas y telaraña que sólo yo sabía deshacer. Tu problema era que para ti nada era un problema. Hasta que el monte ardió.


Se destruyó el paisaje donde creé mi mundo imaginario y tu desapareciste con él. Cuando las llamas consumieron hasta los troncos mas gruesos, te elevaste, agarrándote a las nubes de humo y huyendo de las cenizas que apestaban a nada.


continuará...

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