jueves, 24 de abril de 2014

La última cena.

Aún con los vellos erguidos me limitaba a exhalar un deseo en cada calada, cerraba los ojos estirando el tiempo desde el reciente placer. Patinan sobre mí sus pezones bailando espirales y perturbando la piel.
"Dibuja con tu lengua en mi carne paisajes glaciares y luego mátame".
El recorrido de su cálida lengua dejaba un rastro frío que lamía los restos del hambre y recogía gotas del torso que a mí se me antojaban estrellas al reflejarse en ellas una bombilla que pronto se iba a fundir.
"Recuerda que el día se come también la noche, recuérdame bien".

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